domingo, 20 de junio de 2010

♠ JOSÉ SARAMAGO Y SU ENSAYO SOBRE EL ADIOS


Un pantallazo negro en la Web del genial escritor José Saramago nos deja impávidos pues partió como dándonos una sorpresa, en su casa de Lanzarote (España), a la edad de 87 años. Esta vez fue un ensayo sobre el adiós del escritor luso que ha dado la vuelta al mundo y los cables no dejan de reconocer su aporte a la literatura universal, su ideología comunista y sus críticas certeras y hasta extremas a la Iglesia y a todo fanatismo clerical.

Para Ricardo Gonzáles Vigil, crítico literario peruano, Saramago es uno de los grandes escritores de Portugal. “Su novela tiene nexos con la literatura latinoamericana, pues tuvo una gran admiración por Cortázar, aquella imaginación fantástica colindando con el absurdo”, anotó brevemente, tras enterado del hecho fúnebre.

Y es que Saramago siempre reconoció a Franz Kafka como el más grande escritor del siglo XX, se valió de lo fantástico, también para ahondar en el lector y ser más real, dando a la literatura esa verosimilitud que pocos saben entintar. Sus situaciones imposibles (fiel a La Autopista del Sur, de Cortázar, su escritor predilecto de esta parte del continente) permitieron establecer simbólicamente reflexiones que implicaban temas políticos y sociales.

Pero José Saramago fue un hombre comprometido con los ideales marxistas, que como Gabriel García Márquez o el mismo Julio Cortázar, nunca lo ocultó en vida y obra. Utilizaba el absurdo en lo fantástico para cuestionar los problemas contemporáneos. En su literatura lo utilizaba de manera genial, no se convirtió en panfleto, pues atizó que el marxismo no tiene porque verse como una anteojera ideológica. Saramago lo supo hacer artísticamente, uniendo política y arte, aquellas dos materias que solamente pueden alear los genios consumados.

El aspecto más controversial de José Saramago es su actitud tal vez hacia la religión. Fue un crítico imaginativo del orden religioso, un bombardero de toda extensión fanática sobre el mundo, y si fuera con la cruz, mucho peor, tal como lo presentó en su obra El Evangelio según Jesucristo. Quizá ese lado de Saramago fue el más polémico, esa actitud clerical, atea, cuando escribió su propia valoración del evangelio. Otra de sus geniales relatos también fueron La balsa de Piedra o el Ensayo de la Ceguera, muy sicológicas y lúcidas.

Hace un par de años, el veterano autor se sintió censurado cuando la presentación de su obra a un premio europeo fue vetada desde el gobierno conservador de la época, que presidía el hoy jefe de Estado portugués, Aníbal Cavaco Silva. (Portugal católico se conmovió poco con el irreverente Caín y las provocadoras declaraciones de su autor, que calificó al Dios de la Biblia de mala persona y vengativo y a las Sagradas Escrituras de libro terrible y sombrío y manual de malas costumbres).

Es por eso que Saramago se autoexilió en Lanzarote, en las islas Canarias, siempre al lado de su esposa española, la periodista Pilar del Río, pero se reconcilió con Portugal en el 2004, porque el otrora primer ministro del centro-derecha luso y ahora presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, lo desagravió públicamente al escritor. Las paces llegaron como honras a una vida entera dedicada a la escritura, el pensamiento y la crítica. Pero la pluma es más grande que los problemas nacionales: Saramago no se resintió nunca con Portugal; todo lo contrario, tomó las palabras de otro grande escritor luso, Fernando Pessoa, para afirmar que “su verdadera patria era la lengua portuguesa”.

En los últimos días de su vida, el escritor estaba en paz. La censura lo marcó en el 2004 con las prohibiciones de sus novelas Caín (2009) y El Evangelio según Jesucristo (1991), pero salió airoso con un homenaje casi familiar de su pueblo. Vivió un momento culminante de su reconciliación con Portugal con la presentación en Lisboa de la gran exposición hecha en España sobre su vida y su obra.

Una década de conflictos mermó con los reconocimientos y fue una despedida, quizá la mejor de todas. Un adiós con todos los ojos abiertos, sin cegueras, con todas las de Saramago.

Luis Torres Montero
Editor

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